Playa o montaña: el debate del verano

Atención que venimos con un debate fresquito y muy veraniego. 

“Odio la playa”. “Y yo odio la montaña”. Dos frases tan del verano como el helado de vainilla y chocolate. Es inevitable: llega el pleno verano y los debates se repiten. Y es que las tareas también se multiplican: vacaciones con la familia, con la pareja, con los amigos… La elección del punto de veraneo siempre trae cola. ¿Playa o montaña? Hay defensores puros de ambos bandos, aunque lo que no tenemos claro es si existe un ganador absoluto.

Si contemplamos los telediarios durante el verano, parece claro que la playa gana por goleada. Hordas de humanos que bajan a clavar una sombrilla, kilómetros de arena sin un solo centímetro cuadrado libre… Teniendo en cuenta semejantes premisas, ¿hay algo para votar a favor de la montaña? Yes, of course!

No queremos enfadarnos, pero los argumentos a favor de la montaña son demoledores. El primero es el clima: si bien cuando luce el sol puedes sufrir los azotes del infierno, cuando el día se va diluyendo cual azucarillo llega un momento impensable en la ciudad o en la playa: ponerse una chaqueta. Hay pueblos de montaña en los que hace FRÍO por la noche.

Tampoco rechaces el postureo. Vale, hacerse unas fotos en Pacha La Pineda está muy bien, y puede ser un imán de likes, pero no te engañes, nada comparado con una instantánea desde lo alto de una cumbre, junto a algún animalito adorable o las calles empedradas de algunos de los pueblos de montaña más bonitos de España. ¿Quieres más razones para irte a la montaña?, no te preocupes, toma otra: la tranquilidad. No intentéis vendernos la moto de que veraneando en la playa puedes estar tranquilo porque no te la vamos a comprar. En la montaña más apartada o en el pueblo más remoto solo se respira una cosa: calma absoluta. Si quieres relax, elige la montaña.

¿Y que nos contáis de la playa?

No podemos engañarnos a nosotros mismos. La playa también tiene su punto. Eso sí, también habría que elegir bien la playa. Esos puntos de nuestro masificados no los pisaremos ni pagando, pero otros rincones como estos de los que ya hemos hablado sí que los pisaríamos sin ningún problema. Es más, lo estamos deseando.

Y es que,  es posible, que en la playa no busques el relax de la montaña. La posibilidad de estar zambullido en el agua todo el día es uno de los primeros argumentos a favor. Igual te gustan las marabuntas de gente y no quieres la calma de los pueblos. Vale, igual al final todo es cuestión de gustos.

Si hablamos de la playa hablamos de un sitio en el que normalmente los horarios desaparecen. Te da exactamente igual desayunar a las dos de la tarde que comer cuando otros ya hablan de la cena. El reloj queda difuminado y a nadie le importa. Dentro del terreno culinario, en las zonas de playa hay tantos restaurantes que, casi con toda probabilidad, no vas a tocar una sartén en todas las vacaciones.

Además, en estos sitios las reglas de vestuario desparecen un poco y puedes presumir durante más horas al día de ese cuerpo que te has cultivado durante meses en el gimnasio.

Y cuando parecía que la ciencia no tiene nada que decir al respecto: ¡boom! llega el dato que no te esperabas y nos tira por tierra todo lo anterior: según la Universidad de Michigan, en la playa descansamos más. Los datos que aportan son los siguientes: el estrés humano se reduce allí donde hay grandes espacios ‘azules’ y mucha cantidad de agua. Con todos los respeto, Universidad de Michigan, nosotros nos seguiremos quedan con la montaña.

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