¿Vivías todos estos momentos en tu vuelta al cole?

La vuelta al cole, ese ¿fantástico? momento de cuando eramos niños. Odiado cuando tenías 10 años, pero que tanto echas de menos cuando la vida adulta te azota sin piedad. Volver a la rutina en aquellos años era cuanto menos prescindible en tu vida, pero había que hacerlo. ¿Qué es lo que mejor recuerdas de aquellos años? Además de tus recuerdos más personales, seguro que cuando llegaban los días de volver a preparar mochilas terminabas viviendo todas/alguna o ninguna de estas situaciones tan “del cole”:

Había que ajustar las horas de sueño unos días antes

Si atendemos a las voces expertas, lo de ajustar el reloj biológico no tiene nada que ver con la invención de las “dos horas de digestión” que nos vendieron a traición de pequeños. Vale, es cierto que durante el verano enterramos el reloj y traspasamos los límites de dormir un poco más hasta límites que no sospecharías un mes de febrero, pero por ir a la cama con los horarios del colegio desde una semana antes no se va a solucionar el desajuste. De manera que, no queda otro remedio, hay que asumirlo: ibas a morir de sueño los primeros días de colegio. Tú lo sabías, tus padres lo sabían y todos los sabíamos. Y seguramente los niños y niñas de hoy también estarán muriendo de sueño. Es ley de vida. También forma parte de la vuelta al cole.

La preparación del material escolar no se perdonaba

Momentos de la vuelta al cole

Siempre nos ha parecido que el típico niño que sale en los telediarios diciendo que quería volver al cole era una conspiración. Alguien a sueldo de los departamentos de Educación para decirlo y transmitir felicidad en un día que es traumático para más de uno. El caso es que volver al cole, en general, no era plato de buen gusto (al menos algo que preferías evitar). O el gusto de quien escribe estas líneas era más bien ruinoso. ¡Pero! sí que había una parte de este retorno que era especialmente placentero. Y tenía nombre propio: las horas de papelería y de echar un ojo a los libros nuevos. Tirarse horas eligiendo material escolar era un vicio y mirar los libros para ver la que se avecinaba y hacer cábalas sobre lo difíciles que iban a ser algunos temas también formaba parte del ritual. Ojalá también ocurriera con la vida del trabajador.

Escuchabas “vuelta a la rutina” decenas de veces al día

Más o menos te hacías a una idea de lo que estaban hablando, pero cuando eras niño te pensabas que rutina podía ser fácilmente la panadera que te vendía la barra del bocadillo. Tú sabías que volvías al cole pero no eras consciente (hasta determinada edad) de que todo ese ritual de los horarios, las obligaciones, etc… era la llamada “rutina”. Luego creces, te adentras en un mundo un poco más adulto y ya terminas conociendo a fondo a esa “rutina”.

Te vendían que ibas a volver a ver a tus amiguitos

Como seres sociales por naturaleza, vale que volver a ver a tu gente era una buena noticia. Pero tampoco nos llevemos a engaño: en verano y sin madrugar se estaba mucho mejor. Y más hoy en día que con los teléfonos móviles tener a tu gente más cerca es más fácil que nunca.

Explicabas qué tal las vacaciones al llegar

En la vuelta al cole siempre había varios clásicos. Llegados a este punto la mayoría ya los hemos dicho (forrar los libros, adaptar el horario, volver a ver a tu squad…), pero no puede faltar uno que se repite a lo largo y ancho de toda la geografía española: contar qué tal ha ido el verano. Los había con más o menos detalles, el vergonzoso que como era el primer día parecía que llevaba años sin hablar y el que se pegaba el verano de su vida sin haber cumplido ni los 10 años. Pero no fallaba: oral o por escrito había que decirle al mundo entero lo bien que lo habías pasado. O lo mal, eso ya se queda al gusto del consumidor.

O te decían que X curso era demasiado serio como empezar explicando las vacaciones

“Esto es primero de bachillerato y aquí estamos para hablar de cosas serias”. Puede que no con estas palabras exactas pero seguro que la música te suena. Y es que llegaba un punto de tu vida escolar que los primeros días de clase dejaban de ser una feria y pasaban a ser la primera explicación del año. Y todos sabíamos qué profesores eran los más propensos a hacer esto.

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