Manual de frases míticas para un verano en España

Todos sabemos que, más temprano que tarde, este tipo de frases las terminamos escuchando en cualquier verano. 

Frases míticas del verano en EspañaEl verano en España es la bomba. Y de eso no debería haber muchas dudas. Dicen que en 2017 visitaron nuestro país 82 millones de visitantes internacionales, y eso ya debería ser una carta de presentación importante para nosotros. Ningún país recibe esa cantidad de turistas si luego cuando llegan aquí nos les ofrecemos nada.

Corroborado ya con cifras que el verano en España es la bomba, vamos a lo importante. Nuestros meses estrella dan para mucho: horas interminables en terrazas de toda clase, la búsqueda de la piscina ideal y muchos bocadillos de tortilla para esas visitas a múltiples pantanos, que a falta de playa dicen que no están nada mal. Y claro, en el transcurso de todo esto es cuando llegan algunas de las mejores frases que nos patrocinan los verano patrios. Dignas de tallarlas en mármol.

“Que calor”

Esta la frase estándar por excelencia que se pronuncia desde finales de mayo hasta septiembre-octubre más o menos, todo depende de la zona en la que vivas. En Zaragoza, por ejemplo, se dice desde que hace calor en mayo-junio (depende de cómo le da cada año al asunto) hasta que el frío tira por tierra las fiestas del Pilar en octubre. Pero ya estamos acostumbrados. El hecho es que te da exactamente igual que la app del tiempo te haya avisado de que habrá 40 grados toda la semana: lo dirás una y cien veces, aunque seas consciente de ello. Y aunque ello no vaya a mitigar el calor que estás pasando.

“El calor de XXX es el peor”

Un servidor, el que escribe estas líneas, ha conocido el calor de media docena de ciudades españolas. No en vacaciones, sino por haber vivido en ellas un tiempo. Y tengo la certeza absoluta de que en el calor que se genera en Andalucía no tiene comparación. Los telediarios dan buena cuenta de ello todos los años, con planos increíbles de un termómetro a una temperatura inhumana.

Pero, cuando el verano aprieta, eso te da exactamente igual. Tenemos una especie de competición por determinar cuál es el calor más insoportable de la península, como si eso otorgara un premio especial. Y queremos que gane nuestra ciudad como sea, sin importar lo más mínimo que en las noches de (inserte nombre) se pueda caminar con una rebequita. Tu quieres la medalla de oro para el sitio donde vives y eso no te lo puede quitar nadie.

“Esto luego se pone moreno”

Se podría decir que en verano hay tres clases de personas: los que se ponen morenos solo con llegar a la hoja del calendario de junio, y los que no se han puesto morenos en su maldita vida, y la única relación estable que tienen con el sol es quemarse año sí y año también.

Sí, nos falta una clase: los que no quieren aceptar que no se van a poner morenos y de tanto tomar el sol se acaban quemando bajo la mítica excusa de que ese rojo langosta tan poco favorecedor se convertirá en moreno por obra y gracia de los dioses astro rey. Asúmelo, eres blanquito de piel.

“Yo soy muy de playita”

Los debates sobre playa o montaña agotan. Son muy recurrentes y nunca se llegará a un consenso. Así que lo mejor es que cada se vaya donde prefiera, y se dejen los debates profundos para el fútbol. No obstante, este deseo seguro que no se cumple, y tendremos que volver a escuchar una frase mítica de cientos y cientos de nuestros amigos: “Como en la playita..” No importa cuál sea, ni que las medusas la hayan abandonado por culpa de las bolsas de plástico; si tiene arena y un trozo de mar, nunca lo cambiará por las vistas de un valle de montaña.

Lo peor de todo es que no podemos hacer nada por ellos.

“En una terracita todo sabe mejor”

Ya lo avisaron en Pantomima Full cuando el calor comenzaba a estar al acecho: los amantes de las terracitas se multiplican. Y es que estar dentro de un bar con tu aire acondicionado es cuanto menos sacrilegio. Pero, ojo, que no cunda el pánico no estoy en contra de las terrazas, ni mucho menos. Lo que se debería vigilar es la proliferación de los pesados de las terrazas, que si no tienen asegurado un asiento al aire libre, casi prefieren quedarse en casa con un ventilador. Como si la sombrilla de la terraza le fuera a transportar a un mundo de 20 grados menos.

Lo mejor es ser conscientes de que esta es otra batalla perdida.

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