En media España se pone a nevar y… hacemos cosas de españoles

Sí, la nieve mola. Depende del día y del momento en el que te pille, pero en general nos gusta que nos pille un día de nieve. Sobre todo a los mortales que no están acostumbrados a verla. Suponemos que en los pueblos donde se hinchan a nevadas todo el invierno, y sus víveres dependen de que la carretera esté limpia, el asunto será diferente.

Cosas que ocurren cuando nieva en España

El caso es que febrero de 2017 pasará directamente al anuario personal de muchos por culpa de las nevadas. En Madrid disfrutaron de copos como hacía tiempo, en Teruel se pensaban que el invierno se había convertido en una broma, y así con un largo listado de ciudades. Menos en Valencia, Jaén o Zaragoza (capitales), el resto de España pudo pasar un día (o varios) de nieves. Y claro, en pleno 2017, una buena nevada da para mucho postureo, muchas frases cuñadas y muchos momentos que recordar. La lata la abrió Mariano Rajoy, que se sacó un selfi con la Moncloa nevada y la maquinaría de montajes de Twitter se puso a trabajar. A partir de hay, todo fueron risas, o al menos eso esperamos.

¿Qué se puede esperar de un intenso día de nieve?

  • Hacerse muchas fotos: en Zaragoza, por ejemplo, los instagramers ya lo tenían todo preparado. Las previsiones apuntaban a qué caería una nevada el martes 6 de febrero, y al final el gozo se quedó en un pozo. El gozo y las 7 toneladas de sal que había preparado el Ayuntamiento de la ciudad. Todo estaba listo para los mejores filtros Valencia, pero habrá que esperar tiempos mejores. Para los que si cazaron nieve, hacerse un buen repertorio de foto era casi obligatorio.
  • Pillar un trineo, o una bolsa de basura: si te pilla en medio de la ciudad, pues te resignas y no coges nada. Pero si tienes cerca una buena ladera o pendiente por la que dejarte caer, a ver quién es el valiente que se resiste a coger lo más deslizante que tiene a mano para acabar revolcado por la nieve. Y es que los trineos los carga el diablo, y se terminan convirtiendo en la máxima expresión de que la potencia sin control no sirve de nada.
  • Decir “vaya frío” o “esta nevada no se veía desde (xxx)”: en invierno nos quejamos del frío y el verano del calor. Es ley de vida. Pero de lo que nunca nos libraremos es de las llamadas frases cuñadas que, al final, a todos se nos escapan más de una vez. Pero cuando nieva nosotros preferimos quedarnos con las comparativas y los recuerdos. “No nevaba así desde 1876”; y a ver quién es el valiente que vivía para rebatirlo.
  • Evidente, se reparten bolazos: no sería una nevada en condiciones sin el típico que cuando la ciudad se tiñe de blanco se olvida de que tiene amigos y reparte bolazos sin compasión. Algunos hemos visto gente sangrando por ello.
  • Pedirle al profesor o al jefe no dar clase/trabajar: en los sitios donde nieva mucho, la nieve puede enterrar las calles y dejar a la gente en casa. Es normal que no puedan trabajar o asistir a clase. Pero en las ciudades donde no es lo más habitual, el hecho de que caigan unos buenos copos de nieve es excusa suficiente para pedir formalmente no hacer nada durante unas horas de la jornada. “Es que está nevando, profe”.

Poner en WhatsApp “está nevando”

No lo podemos evitar. Siempre tendemos a pensar que somos los primeros en descubrir el pastel, y nos apresuramos a dar la exclusiva. A veces incluso lo hacemos para vacilar. Y reconoce que lo has hecho alguna vez, que aquí todos somos culpables.

Mirar por la ventana, como si el fenómeno no lo hubieras visto en la vida: ojo, que hay gente que realmente no han visto nieve nunca. Pero la verdad que es un verdadero espectáculo ver como la gente se acumula en las ventanas cuando llueve mucho o se pone a nevar.

Llegar a casa y poner todo encima de los radiadores: no estás acostumbrado a llegar calado hasta los huesos. Y te preocupa que la ropa encoja o que no se vuelva a secar nunca más. Así que, cuanto antes, te pones a secar todo como si no hubiera un mañana. La ropa mojada por la nieve es poco menos que una afrenta a tus costumbres.

Decirle a todo el mundo que vas mojado hasta las trancas: la transmisión del conocimiento es fundamental. Y en este caso no podía ser menos el asunto. Si vas mojado, se dice y ya está. Como si eso fuera a permitir que te seques antes.

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